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jueves, 14 de enero de 2010

HACIA LA CONSTRUCCION DE UN MOVIMIENTO ESTUDIANTIL COMBATIVO

El Frente Estudiantil Revolucionario nace como una necesidad de comenzar a explicitar los acuerdos en la constitución de una dirección política que intervenga en el movimiento estudiantil.Nos proponemos la construcción de esta herramienta para posibilitar un movimiento estudiantil combativo, crítico y en disputa de las corrientes reformistas, populistas y autonomistas. Para esto es necesario recuperar la iniciativa política y la ofensiva teórica, abandonadas desde el regreso a la república parlamentaria de 1983 (primero con la extensa hegemonía de la Franja Morada y luego con el de la izquierda institucional). Tenemos un proyecto de Universidad, de educación y de movimiento estudiantil y vamos a luchar por concretarlo y por ir creando las bases de una dirección revolucionaria.Los principios que mencionamos a continuación son guías para nuestra acción, su separación es sólo con fines didácticos, por lo que cobran sentido como totalidad dialéctica:

-CLASISMO: Apuntamos a la construcción de un movimiento estudiantil que intervenga en la lucha de clases, no depositando ninguna confianza en las instituciones burguesas. Confrontando contra el Estado como instrumento de dominación de la clase dominante, y toda su maquinaria institucional con sus aparatos represivos. Entendemos el clasismo no en un sentido restringido y economicista, sino como la crítica implacable de las instituciones burguesas y su mecanismo de domesticación. Nos oponemos a concebir la universidad como el “semillero” de los futuros dirigentes burgueses que gestionarán el capitalismo dependiente, lumpen y periférico.Es por esto que una de nuestras tareas es la disputa y expropiación de cuadros a la burguesía para abocarnos a las luchas del campo popular, para que la producción del conocimiento esté al servicio de las necesidades del pueblo pobre y trabajador.
Las instituciones educativas —incluyendo desde la escuela hasta la universidad— no son ajenas al conflicto social. La lucha de clases se manifiesta en su interior, a veces de manera encubierta, otras de modo explícito y abierto.En ese marco, luchamos contra los sectores que reproducen la hegemonía del poder y representan los intereses de la burguesía al interior del aparato ideológico del Estado. Por lo que combatimos a los órganos directivos y las burocracias conformadas por camarillas elitistas y reaccionarias, que gobiernan y gestionan tanto en el plano académico como en el plano político; en función de los intereses de la clase dominante local y de su socio mayor, el imperialismo.La defensa de los intereses de la juventud estudiantil y de la clase trabajadora en el campo educativo se traduce en la lucha por la educación pública y gratuita, posibilitando el acceso a la educación a los hijos e hijas de la clase trabajadora y los sectores humildes de la sociedad.
Luchamos por una democratización profunda en el gobierno de los centros educativos, sometiendo a discusión la estructura elitista-piramidal, y nos proponemos disputar el saber académico, hoy en manos de los escribas del poder, para ponerlo al servicio de las necesidades sociales.
Sostenemos que la única solución para defender los intereses de las clases explotadas al interior del aparato ideológico del estado, es la organización y la lucha de estudiantes, docentes y el pueblo pobre y trabajador; en estrecha coordinación contra los sectores burgueses, rompiendo con el corporativismo que existe en la actualidad.


-ORGANIZACION: Creemos necesario que para combatir los intereses de la burguesía el simple entusiasmo espontáneo no alcanza, hace falta una organización. Porque un sistema que oprime a la mayoría de sus habitantes, no puede ser sino escenario de inevitables luchas por su eternización o por su transformación. Y esto último sólo es posible si nuestras acciones forman parte de una estrategia coherente que vaya más allá de los conflictos coyunturales. De lo contrario estaremos realizando sólo acciones espontáneas, respuestas casi reflejas a la agenda que nos instala la clase dominante. En este punto nuestra estrategia es la construcción de Poder Popular, que como objetivo a largo plazo nos permita comprender y accionar en cada conflicto de manera de no perder nuestro horizonte: la revolución socialista.
Para esto nos proponemos un trabajo combativo en los órganos de base, en las distintas facultades e instituciones educativas (agrupaciones por facultades, secundarios, terciarios, etc.), que recoja la particularidad de las contradicciones y la correlación de fuerza al interior de cada unidad estudiantil.Pero esto tiene un límite sino se construye a partir de una herramienta superadora, es decir, un Frente Estudiantil Revolucionario que permita unificar los elementos más avanzados del movimiento estudiantil, para generar las mejores condiciones posibles para intervenir en la dinámica de la lucha de clases. Resulta una tarea fundamental coordinar todos los conflictos estudiantiles para golpear unidos como un solo puño.

-METODOS DE LUCHA: No renegamos de ningún método de lucha que esté al servicio del avance del pueblo pobre y trabajador; entendiendo como “avances” a la identificación y delimitación del enemigo y al fortalecimiento de las organizaciones.Es por eso que entendemos que la acción directa es el método fundamental. Es la continuidad de la lucha política y teórica por otros medios; en pos de desarrollar en la lucha el elemento subjetivo, sembrando el odio de clase y materializándolo en acciones concretas capaces de golpear a las instituciones burguesas. En este sentido retomamos los métodos históricamente utilizados por las clases oprimidas, que lejos de ser meras marchas testimoniales más acordes a la pequeña burguesía, han sido ejemplos de verdadero combate. Así también el método de la acción directa permite poner en discusión la “normalidad” perversa de las instituciones burguesas, posibilita la unificación de las tendencias revolucionarias contra el enemigo común y se presenta como el camino a seguir para la victoria de los reclamos las clases oprimidas. A la vez, impulsamos el más profundo debate ideológico al interior de esa unidad en la acción:-centrando los esfuerzos en la lucha contra las concepciones reformistas, que a pesar de sus discursos encendidos y su retórica inflamada, conducen a la fragmentación de las luchas. Centrándolas en meros reclamos económicos inmediatos y reduciéndolas a marcos exclusivamente institucionales; retrasando así el avance de una política revolucionaria que logre combinar, articular y coordinar los distintos conflictos.-desarrollando una crítica de las corrientes populistas, que bajo el pretexto de desconfiar del academicismo tradicional terminan depositando la confianza en sectores burgueses, trayendo la alianza de clases al interior de la instituciones de enseñanza.-impulsando la crítica al autonomismo, el cual se cierra a la particularidad de las reivindicaciones de cada sector, fragmentando la identidad de clase por no reconocer la totalidad histórico social en la que está enmarcada cada lucha. Esta síntesis posmodernista de reformismo y el populismo, es la expresión más avanzada de las clases dominantes en su afán por aislar las luchas del campo popular.

-PODER POPULAR: Trabajamos en la construcción de herramientas capaces de generar doble poder en el seno de la sociedad dividida en clases. Desarrollando organizaciones territoriales genuinas, para lo cual es indispensable el trabajo de base con el sujeto de transformación social: clase trabajadora y pueblo pobre. Formando nuestra conciencia socialista en el trabajo cotidiano, como hombres y mujeres nuevos, porque “la ética de forja en la lucha de clases”. Consideramos que los espacios conquistados por los estudiantes (centro de estudiantes, juntas de carrera, etc.), deben ser utilizados como trincheras que nos permitan avanzar en la construcción del poder local, y no reproduciendo los mecanismos propios de las instituciones del sistema capitalista.

-CIENCIA COMO UN FUSIL: El conocimiento científico no es algo neutral y objetivo. Sino que se desenvuelve dentro de la dinámica de la lucha de clases. Entendemos entonces que es fundamental que esa producción teórica y práctica defienda los intereses de la clase trabajadora, del pueblo pobre y de la juventud combativa en su avance de la liberación de las cadenas opresoras.Como estudiantes nos sentimos responsables de la producción de conocimiento científico al servicio del pueblo. Reconocemos en la Educación Popular ese espíritu combativo que debe recurrir al conocimiento para liberarse de la ideología de los ricos y poderosos. La educación popular se opone a la educación burguesa, porque recrea tanto las instituciones educativas formales como no formales, para reconstruir la ideología del pueblo.
La burguesía utiliza a la ciencia y a la técnica como una herramienta de dominación y explotación, transformándolas en una mercancía ajena y de espaldas a las clases explotadas. El saber aparece como algo separado de la sociedad, recluido en ámbitos exclusivos y elitistas, al servicio de las instituciones burguesas y sus dirigentes.Nosotros pensamos que el conocimiento debe ser crítico y servir como una herramienta política de liberación social, al servicio de la problemática cotidiana de los sectores populares.En este marco, cuestionamos la fragmentación de los campos del conocimiento, en tanto forma de control que esteriliza el saber y oculta el contenido político de clase.No es casual que las distintas disciplinas se encuentren separadas tanto en el terreno físico y geográfico. Lo que responde a cuestiones políticas de fragmentación del campo estudiantil, para frenar una potencial organización unitaria y peligrosa para el poder. Como en el terreno del campo científico, creando un saber especializado que apunta a la formación de técnicos sumisos y obedientes.

-ACCION Y REFLEXIÓN: Como Frente Estudiantil Revolucionario nos proponemos intervenir a través de la acción en los distintos conflictos y coyunturas. Para esto, entendemos a la unidad de la teoría y la práctica como dinámica y método de funcionamiento permanente, que retome la dialéctica de la lucha de clases para intervenir consecuentemente.
Pero no caemos en un espontaneísmo de la lucha, sino que articulamos la reflexión y la acción. Evitamos caer en meros debates o consignas en el aire que no llevan a ninguna práctica concreta; ni tampoco en prácticas que marchen atrás de los acontecimientos y sin un proyecto de fondo.La teoría deber ser una “guía para la acción”, porque “sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario”.Es por eso que apostamos a la formación política de la militancia de base como una tarea central, reivindicando la larga lucha histórica que tiene el movimiento estudiantil y la historia de la teoría revolucionaria a nivel mundial.

-UNIDAD CON LA CLASE TRABAJADORA Y EL PUEBLO POBRE: Las instituciones educativas no son islas ajenas a la sociedad ni constituyen espacios de poder desligados del poder estatal central. La tarea histórica del movimiento estudiantil es vincularse y establecer la unidad con la lucha de la clase trabajadora. Reconstruyendo nuestra propia identidad de clase para golpear como un solo puño al enemigo común, que no es sino la burguesía y sus aparatos ideológicos, burocráticos y militares. Retomamos, por eso, todas las luchas que desafiaron a las clases dominantes, donde los estudiantes marcharon unidos con los trabajadores, Reforma Universitaria latinoamericana del 1918, el Cordobazo y el Rosariazo de 1969, el Vivorazo en 1971…

-ANTI-CAPITALISTA, ANTI-IMPERIALISTA: Un movimiento estudiantil con espíritu combativo tiene que plantearse necesariamente la crítica y el desafío al sistema capitalista de raíz. La única forma de producir un cambio real en la educación es cuestionar las raíces mismas del sistema que la sustenta. No quiere decir eso que renunciamos a las luchas propias de la educación pública y gratuita y a las distintas instancias que adquieren los reclamos de los estudiantes y trabajadores de la educación. Pero es fundamental impulsar una crítica que ponga en manifiesto los fundamentos de las desigualdades sociales. Vivimos en un sistema que se sustenta en la apropiación individual, por parte de un sector dominante minoritario, de la riqueza como producto social colectivo; es decir, a costa de la explotación del trabajo de la mayoría.El capitalismo surgió como un sistema mundial y se desarrolla y alimenta de la conquista y la explotación de los pueblos oprimidos.El avance del imperialismo, en sus distintas manifestaciones, se siente y se sufre en la vida de todos los días. Eso no es ninguna revelación. En nuestros países estamos sujetos a las potencias imperialistas que tienen como aliado a las burguesías locales; frente a lo cual seguimos al pensamiento del Che Guevara, quien sostenía que “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola-. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”. E insistía: “en definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta”.

lunes, 6 de octubre de 2008


Antonio Gramsci - La organización de la cultura
La organización de la escuela y de la cultura
Se puede observar en general que en la civilización moderna todas las actividades prácticas se han hecho tan complejas y las ciencias se han entrelazado con la vida en tal medida que toda actividad práctica tiende a crear escuelas para sus propios dirigentes y especialistas; y, por lo tanto, tiende a formar un grupo de intelectuales especialistas de grado más elevado, que enseñan en estas escuelas. De modo que junto al tipo de escuela que se podría llamar "humanista" y que es el tradicional más antiguo, destinado a desarrollar en cada individuo humano la cultura general aún indiferenciada, la potencia fundamental de pensar y de saberse conducir en la vida, se ha ido creando todo un sistema de escuelas particulares de distintos cursos para ramas enteras profesionales o para profesiones ya especializadas y perfectamente individualizadas. Se puede decir que la crisis escolar que hoy recrudece está ligada al hecho de que este proceso de diferenciación y de particularización se produce caóticamente, sin principios claros y precisos, sin un plan bien estudiado y conscientemente fijado: la crisis del programa y de la organización escolar, es decir, de la orientación general de una política de formación de los modernos cuadros intelectuales, es en gran parte un aspecto y una complicación de la crisis orgánica más comprensiva y general.
La división fundamental de la escuela en clásica y profesional era un esquema racional: la escuela profesional para las clases dominadas, la clásica para las clases dominantes y para los intelectuales. El desarrollo de la base industrial tanto en la ciudad como en la campaña trajo una creciente demanda del nuevo tipo de intelectual urbano. Junto a la escuela clásica se desarrolló la escuela técnica (profesional pero no manual) lo que puso en discusión el mismo principio de la orientación concreta de la cultura general y, de la orientación humanista de la cultura general fundada sobre la tradición greco-romana. Una vez puesta en discusión esta orientación, puede decirse que quedó arruinada, porque su capacidad formativa estaba basada en gran parte sobre el prestigio general y tradicionalmente indiscutido de una determinada forma de civilización.
Hoy la tendencia consiste en abolir todo tipo de escuela "desinteresada" (no inmediatamente interesada) y "formulativa"; o en dejar sólo un ejemplar reducido para una pequeña élite de señores y de señoras que no tienen que pensar en prepararse para un porvenir profesional y en difundir en forma creciente las escuelas profesionales especializadas, en las que el destino del alumno y su futura actividad están predeterminados. La crisis tendrá una solución que racionalmente debería seguir la línea siguiente: escuela única inicial de cultura general, humanista, formativa, que equilibre justamente el desarrollo de la capacidad de trabajar manualmente (técnicamente, industrialmente) y el desarrollo de las capacidades del trabajo intelectual. Mediante repetidas experiencias de orientación profesional se pasará de éstas (tipo de escuela única) a las escuelas especializadas o al trabajo productivo
Se debe tener presente la tendencia en desarrollo según la cual toda actividad práctica tiende a crear su propia escuela especializada, así como toda actividad intelectual tiende a crearse círculos propios de cultura, que asumen la función de instituciones pos-escolares especializadas en organizar las condiciones que hacen posible estar al tanto de los progresos que se producen en cada dominio científico.
También se puede observar cada vez más que los órganos deliberantes tienden a distinguir su actividad en dos aspectos "orgánicos", la actividad deliberativa, que les es esencial, y la técnico-cultural, por la que los expertos examinan previamente y analizan las cuestiones que deben ser resueltas. Esta actividad ha creado ya todo el cuerpo burocrático de una nueva estructura, ya que junto a los oficios especializados de elementos competentes que preparan el material técnico para los cuerpos deliberantes, se crea un segundo cuerpo de funcionarios más o menos "voluntarios" y desinteresados, seleccionados en la industria, en la banca, y en las finanzas. Este es uno de los mecanismos por medio de los cuales la burocracia de carrera terminó por controlar los regímenes democráticos y los parlamentos; ahora el mecanismo se va extendiendo orgánicamente y absorbe en su círculo a los grandes especialistas de la actividad práctica privada, y así controla los regímenes y las burocracias. Ya que se trata de un desarrollo orgánico necesario que tiende a integrar el personal especializado en la técnica política con el personal especializado en las cuestiones concretas de administración de las actividades prácticas esenciales de las grandes y complejas sociedades nacionales modernas, toda tentativa de exorcizar esta tendencia desde afuera no puede producir más que prédicas morales y gemidos retóricos.
Se plantea la cuestión de modificar la preparación del personal técnico-político, integrando su cultura según las nuevas necesidades, y de formar nuevos tipos de funcionarios especializados que en forma colegiada integren la actividad deliberante. El tipo tradicional del "dirigente" político, preparado solamente para las actividades jurídico-formales, se vuelve anacrónico y constituye un peligro para la vida estatal. El dirigente debe tener un mínimo de cultura general técnica que aunque no le permita crear de manera autónoma la solución justa, por lo menos lo capacite para juzgar las soluciones presentadas por los expertos y elegir la justa desde el punto de vista "sintético" de la técnica política. En otro lugar [Cap. 3: El periodismo] describimos un tipo de colegio deliberante que trata de incorporar la competencia técnica necesaria para obrar en forma realista; allí se habla de lo que ocurre en algunas redacciones de revistas, que funcionan al mismo tiempo como redacciones y como círculos de cultura. El círculo hace crítica colegiadamente y contribuye de ese modo a la elaboración de los trabajos de los redactores individuales, cuya productividad está organizada según un plan y una división del trabajo racionalmente prevista. Por medio de la discusión y la crítica colegiada (que consiste en sugerencias, consejos, indicaciones metódicas, crítica constructiva y dirigida a la educación recíproca) según la cual cada uno funciona como especialista en su materia para integrar la competencia colectiva, en realidad se consigue elevar el nivel medio de los redactores individuales hasta alcanzar el nivel o la capacidad del más preparado, asegurando a la revista una colaboración cada vez más selecta y orgánica, y no solo esto, sino que crea las condiciones para el surgimiento de un grupo homogéneo de intelectuales preparados para producir una regular y metódica actividad "editorial" (no sólo de publicaciones ocasionales y de ensayos parciales, sino de verdaderos trabajos orgánicos de conjunto).
Indudablemente, en esta especie de actividades colectivas, cada trabajo produce nuevas capacidades y posibilidades de trabajo, ya que crea condiciones de trabajo cada vez más orgánicas: ficheros, materiales bibliográficos, colecciones de obras fundamentales especializadas, etc. Se impone una lucha intensa contra las tendencias al diletantismo [manía], a la improvisación y a las soluciones "oratorias" y declamatorias. El trabajo debe ser hecho especialmente por escrito; también las críticas deben ser hechas por escrito, en notas sucintas, lo que puede lograrse distribuyendo el material con tiempo, etc.; el método de escribir las notas y las críticas es un principio didáctico necesario si se quiere combatir la tendencia a la prolijidad, a la declamación y al paralogismo que engendra la oratoria. Este tipo de trabajo intelectual es necesario para hacer adquirir a los autodidactas la disciplina de los estudios que procura una carrera escolar regular y para taylorizar [metodizar] el trabajo intelectual. Es útil el principio de los "ancianos de Santa Zita", del que habla De Sanctis en sus memorias sobre la escuela napolitana de Basilio Puoti; es decir, que es útil cierta "estratificación" de las capacidades y aptitudes, así como la formación de grupos de trabajo bajo la guía de los más expertos y desarrollados, que aceleran la preparación de los más retrasados y torpes.
Un punto importante en el estudio de la organización práctica de la escuela unitaria es el que se refiere a la carrera escolar en sus varios niveles conforme a la edad y al desarrollo intelectual y moral de los alumnos y a los fines que la escuela misma quiera cumplir. La escuela unitaria, o de formación humanista (entendido este término en sentido amplio y no sólo en el sentido tradicional), o de cultura general, debería proponerse colocar a los jóvenes en la actividad social; después de haberlos llevado a cierto grado de madurez y de capacidad, a la creación intelectual y práctica y a la independencia en la orientación y en la iniciativa. La fijación de la edad escolar obligatoria depende de las condiciones económicas generales, ya que éstas pueden imponer la exigencia de cierto aporte productivo inmediato a los jóvenes. La escuela unitaria exige que el Estado pueda asumir los gastos que hoy solventa la familia para la manutención de los escolares, es decir, que transforma completamente el balance del ministerio de educación nacional, ampliándolo y complicándolo enormemente; toda la función de educación y formación de las nuevas generaciones deja de ser privada para hacerse pública, porque únicamente de ese modo puede abarcar a todas las generaciones sin división de grupos o de castas. Pero esta transformación de la actividad escolar exige una enorme ampliación de la organización práctica de la escuela, es decir: de los edificios, del material científico, del cuerpo docente, etc. Sobre todo el cuerpo docente debería ser aumentado, ya que tanto mayor e intensa es la eficiencia de la escuela cuanto más directa es la relación entre maestro y alumnos, lo que plantea otros problemas de no fácil y rápida solución. Tampoco la cuestión de los locales es simple, ya que este tipo de escuela debería ser una escuela-colegio, con dormitorios, comedores, bibliotecas especializadas, salas apropiadas para el trabajo de seminario, etc. Por lo tanto, el nuevo tipo de escuela al comienzo tendrá que ser, inevitablemente, para grupos limitados de jóvenes, elegidos por concurso o propuestos bajo su responsabilidad por instituciones idóneas.
La escuela unitaria debería corresponder al período que hoy representan las escuelas elementales y las de enseñanza media, reorganizadas no solamente en lo que se refiere al contenido y al método de enseñanza, sino también en la disposición de los diversos cursos de la carrera escolar. El primer curso elemental no debería ser de más de tres o cuatro años y junto con la enseñanza de las primeras nociones "instrumentales" de la instrucción --leer, escribir, contar, geografía, historia-- debería desarrollar especialmente la parte que actualmente está descuidada de los "derechos y deberes", es decir, las primeras nociones del Estado y de la Sociedad, como elementos primordiales de una nueva concepción del mundo que entra en lucha con las concepciones dadas por los diversos ambientes sociales tradicionales, es decir: las concepciones que pueden llamarse folklóricas. El problema didáctico que se debe resolver consiste en atemperar y fecundar la tendencia dogmática, característica natural de estos primeros años. El resto del curso no debería durar más de seis años, de modo tal que a los quince o dieciséis años se hayan cumplido todos los cursos de la escuela unitaria.
Se puede objetar que un curso de esa naturaleza es demasiado fatigoso, por su rapidez, si se quieren alcanzar efectivamente los resultados que la actual organización de la escuela clásica se propone pero no alcanza. Se puede decir, sin embargo, que el complejo de la nueva organización deberá contener los elementos generales que hoy, por lo menos para una parte de los alumnos, vuelven al curso demasiado lento. ¿Cuáles son esos elementos? En una serie de familias, sobre todo de núcleos intelectuales, los muchachos encuentran en la vida familiar una preparación, una prolongación y una integración de la vida escolar; como comúnmente se dice, absorben del "aire" una cantidad de nociones y de aptitudes que facilitan la carrera escolar propiamente dicha: ya conocen y desarrollan el conocimiento de la lengua literaria, es decir, el medio de expresión y de conocimiento, técnicamente superior al que posee la generalidad de la población escolar de los seis a los doce años. De modo que los alumnos de la ciudad, por el solo hecho de vivir en ella, antes de los primeros seis años han absorbido una cantidad de nociones y aptitudes que les hace más fácil, más provechosa y más rápida la carrera escolar. En la organización interna de la escuela unitaria deben crearse al menos las principales de estas condiciones; además del hecho, que es de suponer, de que paralelamente a la escuela unitaria se debe desarrollar una red de asilos infantiles y otras instituciones en las que aún antes de la edad escolar los niños se acostumbren a cierta disciplina colectiva y adquieran nociones y aptitudes preescolares. La escuela unitaria debería ser organizada como colegio, con vida colectiva diurna y nocturna, liberada de las actuales formas de disciplina hipócrita y mecánica, y el estudio debería hacerse colectivamente, con la asistencia de los maestros y de los mejores alumnos, también en las horas de la así llamada aplicación individual, etc.
El problema fundamental se plantea para la etapa de la actual carrera escolar [secundaria], hoy representada por el liceo, y que no se diferencia para nada, como tipo de enseñanza, de los otros cursos que la preceden; a no ser por la suposición abstracta de una mayor madurez intelectual y moral del alumno de acuerdo con su mayor edad y la experiencia acumulada.
Actualmente, entre el liceo y la universidad, es decir, entre la escuela propiamente dicha y la vida, hay un salto, una verdadera solución de continuidad, no un pasaje racional de la cantidad (edad) a la cualidad (madurez intelectual y moral). De la enseñanza casi puramente dogmática, en la que la memoria tiene una gran parte, se pasa a la etapa creativa o de trabajo autónomo e independiente; de la escuela con disciplina de estudio impuesta y controlada autoritariamente se pasa a una etapa de estudio o de trabajo profesional en la que la autodisciplina intelectual y la autonomía moral son teóricamente ilimitadas. Y esto ocurre inmediatamente después de la crisis de la pubertad, cuando el ímpetu de las pasiones instintivas y elementales todavía lucha con los frenos del carácter y de la conciencia moral en formación. En Italia, cuyas universidades aún no han adoptado el principio del trabajo de "seminario", el pasaje es todavía más brusco y mecánico.
De ahí, entonces, que en la escuela unitaria la última etapa debe ser concebida y organizada como etapa decisiva en la que se tiende a crear los valores fundamentales del "humanismo", la autodisciplina intelectual y la autonomía moral necesarias para la ulterior especialización, sea de carácter científico (estudios universitarios), sea de carácter inmediatamente práctico-productivo (industria, burocracia, organización de cambios, etc.). El estudio y el aprendizaje de los métodos creativos en la ciencia y en la vida deben comenzar en esta última etapa de la escuela y no ser más un monopolio de la universidad, o dejado al azar de la vida práctica: esta etapa escolar debe contribuir a desarrollar el elemento de la responsabilidad autónoma en los individuos, debe ser una escuela creativa. Se debe distinguir entre escuela creativa y escuela activa, también en la forma del método Dalton [de lectura individual, incorporado por Helen Parkhurst en una escuela de minusválidos en 1919 y en el High School of Dalton en 1920]. Toda la escuela unitaria es escuela activa a pesar de que se tengan que poner límites a las ideologías liberales en este campo y se reivindique con cierta energía el deber de las generaciones adultas, es decir, el Estado, de "conformar" a las nuevas generaciones. Todavía se está en la etapa romántica de la escuela activa, en la que los elementos de la lucha contra la escuela mecánica y jesuítica se han dilatado morbosamente por razones de contraste y de polémica. Se debe entrar en la etapa "clásica", racional, se debe encontrar en los fines perseguidos la fuente natural para la elaboración de métodos y formas.
La escuela creativa es la coronación de la escuela activa: en la primera etapa se tiende a disciplinar, por lo tanto también a nivelar, a obtener una especie de "conformismo" que se puede llamar "dinámico"; en la etapa creativa, sobre el fundamento alcanzado de "colectivización" de tipo social, se tiende a desarrollar la personalidad, que ya ha llegado a ser autónoma y responsable, pero con una conciencia moral y social sólida y homogénea. Por lo tanto, escuela creativa no significa escuela de "inventores y de descubridores"; indica una etapa y un método de investigación y de conocimiento, no un "programa" predeterminado con la exigencia de originalidad e innovación a toda costa. Indica que el aprendizaje se produce especialmente por un esfuerzo espontáneo y autónomo del escolar y en el que el maestro ejerce sólo una función de guía amistosa, como ocurre o debería ocurrir en la universidad. Descubrir por sí mismo, sin sugerencias y ayudas externas una verdad, es creación, aunque la verdad sea vieja, y demuestra la posesión de un método; indica que se ha entrado en el período de madurez intelectual en el que se pueden descubrir nuevas verdades. Por eso en esta etapa la actividad escolar fundamental se desarrollará en los seminarios, bibliotecas, laboratorios experimentales; en esta etapa se recogerán las indicaciones orgánicas para la orientación profesional.
El advenimiento de la escuela unitaria significa el comienzo de nuevas relaciones entre trabajo intelectual y trabajo industrial no sólo en la escuela, sino también en toda la vida social. El principio unitario se reflejará, por lo tanto, en todos los organismos de cultura, transformándolos y dándoles un nuevo contenido.

martes, 30 de septiembre de 2008

Palabras sobre los exámenes - Deodoro Roca

(Deodoro Roca fue el principal ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918. En 1920, Roca propuso suprimir el doctorado. 40 años antes que el mayo francés, Deodoro cuestionó los exámenes, construyendo una pedagogía socialista antiautoritaria.)

¡Exámenes a la vista! Bolilleros. más bolilleros... ¡Con sus inconfundibles dispositivos de juegol Como todos los años, vuelve a las sienes juveniles el presuroso latir de los días de examen, sobrecogidos, azarosos. Días de palideces, fiebres y vagas iniciales exprimidas por el tiempo implacable y premioso. Se ahoga en ellos la risa y la canción. Una emoción indefinible, angustiosa, serpentea en el pecho. Novia desvanecida, cine misterioso y lejano, guitarra colgada en las paredes de la pensión, charla encapotado, parque sellado... Afuera, rumores y perfumes estremecidos. El deseo se hincha y torna con el breve ritmo de un seno. Dulce vagar recogido y enrollado. Guardapolvo y texto. Tardes de noviembre. Exámenes. ¡Lotería, lotería!El alumno acude con su número. No siempre saca premio. Hay que pasar de alumno a médico, a abogado, a ingeniero... Y se aguarda nerviosamente la aparición de un bedel (todos los que preguntan son bedeles). Es como llegar a un alero y sostenerse ahí. 0 caer y -moralmente- descalabrarse. Alguien no cae. Pero con toda valentía se mata en el mismo alero. Es lo mismo que llevar al alumno al filo de una roca y -como Satán a Cristo- decirle: “Todo esto será tuyo si me respondes a estas preguntas, si tienes suerte con estas bolillas desde donde te miro”. El alumno mira la irreal riqueza que se le muestra, y entrega, por ese falso botón, su alma indefensa y simple. Lo humano, lo verdaderamente humano, sería irle apuntando, a lo largo de su vida de aprendizaje, qué cosas y qué ideas no “parecen” convenirle; qué cosas y qué ideas le serían de fácil adquisición... El problema del adiestramiento, la elección del trabajo fértil, el de la educación “total”, en suma es el que debiera mantener alerta la mente de los maestros. Por eso lo recuerdo en estos días pesarosos, ya que el examen debiera quedar catalogado -para siempre-, entre los “juegos prohibidos”, en defensa de la inteligencia.La culpa -lo sabemos- no es de tal o cual profesor satánida. Es de tal o cual sistema. De un “régimen” de enseñanza que no es la superior, ni la inferior, y ni siquiera la doméstica o la oficial, sino toda la enseñanza contando con raras excepciones. Toda la enseñanza -expresada así en el vetusto examen- está fraguada apuntando al éxito. Hace depender de un éxito, de una buena jugada, a veces toda una vida. Y nada debiera depender de él mientras se ofreciera como un desafío en el que nunca el alumno suele elegir las armas y el terreno. Mientras se presente como premio a unos momentos de feliz gimnasia. Y ni siquiera de gimnasia mental, sino mecánica. 0 como “recompensa” a una prueba donde innegablemente intervienen factores tan extraños al conocimiento como lo son la audacia, la agilidad memorativa, la seducción verbal... Y lo grave es que esos factores siguen conformando más tarde la mente y la acción de sus beneficiarios. Y se hacen jugadores para toda la vida. Las pruebas de un alumno deben durar toda su infancia, toda su adolescencia. Y unos años, no unos minutos; unos años durante los cuales deberá escoger por sí mismo su texto, después de haber averiguado -o al tiempo de averiguarlo- su preferencia, su afición. Años en los cuales por sí mismo -en vista de una tradición doméstica o un prejuicio confesional- ha de enfocar sus posibilidades por un único desfiladero. Porque llega un momento en la vida de los padres -y llégase muy pronto frente a la vida de los hijos- en que es preciso ceder terreno en el culto de la obediencia y de la disciplina, tan útiles siempre a nuestros mayores. Han de pensar en irlas sustituyendo por otras: ¡por la independencia y la acometividad tan molestas siempre a nuestros mismos mayoresl Y si estas virtudes -las verdaderas, las positivas- llegaren en su leal desarrollo a destruir la obra incipiente del padre o del maestro, poco importa. Una vida exige rumbos nuevos. La verdadera educación -muchas veces lo leímos, pero pocas lo vimos practicado- es tanto como ensayo de desarrollar la atención, el deseo de comprender, el respeto a lo que comprendan, deseen y digan los demás. Rigor para sí, justicia para los otros. Atención para todo y para todos. La verdadera educación, la formación que ella anhela, debe ser siempre abierta. Y no debe fomentar la fe, sino la duda; no la credulidad, sino la oportuna y desnuda pregunta. La falsa educación -y entiendo por educación la formación integral-, la que tiene en su heráldica el examen, la educación juego, azar, “lance”, ominosa aventura, se nutre necesariamente de respuestas oficiales a preguntas más “oficiales” todavía. Se nutre -como dice Jarnés- de diálogos preconcebidos. Se nutre de premios y castigos, bárbaramente llamados “estímulos” (hablo de barbarie educacional). Conforme observa Bertrand Russell, ya concebida “como medio de adquirir un poder sobre el alumno y no de favorecer su futuro desarrollo”. La falsa educación -¡toda la nuestra!- reposa en una cabal falta de respeto al discípulo. Nadie respeta al discípulo. La piedra milenaria del examen, parada estos días a la puerta de los establecimientos educacionales, así lo denuncia. Hay que respetar al hombre que llega, indefenso, al mundo. Hay que ser con él más solicito. Hay que respetarlo mucho más profundamente que al hombre de itinerario ya en marcha a acabado. “Mientras en el mundo no se respete, principalmente, al niño”, dice ese magnífico espíritu que es Benjamín Jarnés, “a todo el niño (y lo mejor de él es su independencia en germen), mientras no se le respete mucho más que al hombre formado o al anciano, el mundo seguirá lleno de adolescentes envejecidos”. ¡Menos loterías, señores profesores! Los exámenes, las verdaderas pruebas -aunque así se llamen-, deben cifrarse no en las respuestas de los discípulos, sino en sus preguntas. De la desnuda y oportuna pregunta del discípulo debe inferirse su curiosidad, su capacidad, su aptitud, la calidad de su espíritu, su grado de saber y su posibilidad. La única relación legítima y fecunda que debe trasuntar un examen que aspire a salvarse es la de un discípulo que pregunta y la de un tribunal que responde. ¡Son ustedes los que deben “rendir”, señores profesores!Mientras esto no ocurra, se seguirá oyendo en escuelas, liceos, colegios y universidades las dramáticas y fatídicas palabras del “croupier” docente:
--“¡No va más!”

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ernesto Che Guevara sobre la Universidad

Discurso del Che Guevara al recibir el título de Profesor Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas (Cuba, 28 de Diciembre de 1959)

Queridos compañeros, nuevos colegas del Claustro y viejos colegas de la lucha por la libertad de Cuba:Tengo que puntualizar como principio de estas palabras que solamente acepto el título que hoy se me ha conferido, como un homenaje general a nuestro ejército del pueblo. No podría aceptarlo a título individual por la sencilla razón de que todo lo que no tenga un contenido que se adapte solamente a lo que quiere decir, no tiene valor en la Cuba nueva; y cómo podría aceptar yo personalmente, a título de Ernesto Guevara, el grado de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía, si toda la pedagogía que he ejercido ha sido la pedagogía de los campamentos guerreros, de las malas palabras, del ejemplo feroz, y creo que eso no se puede convertir de ninguna manera en un toga; por eso sigo con mi uniforme del Ejército Rebelde aunque puedo venir a sentarme aquí, a nombre y representación de nuestro ejército, dentro del Claustro de Profesores. Pero al aceptar esta designación, que es un honor para todos nosotros, quería también venir a dar nuestro homenaje, nuestro mensaje de ejército del pueblo y de ejército victorioso. Una vez a los alumnos de este Centro les prometí una pequeña charla en la que expusiera mis ideas sobre la función de la Universidad; el trabajo, el cúmulo de acontecimientos, nunca me permitió hacerlo, pero hoy voy a hacerlo, amparado ahora, además, en mi condición de Profesor Honoris Causa. Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba, y si este pueblo que hoy está aquí y cuyos representantes están en todos los puestos del Gobierno, se alzó en armas y rompió el dique de la reacción, no fue porque esos diques no fueron elásticos, no tuvieron la inteligencia primordial de ser elásticos para poder frenar con esta elasticidad el impulso del pueblo, y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca. Ese es el mensaje primero, es el mensaje que hubiera querido decir los primeros días después de la victoria en las tres Universidades del país, pero que solamente pude hacer en la Universidad de Santiago, y si me pidieran un consejo a fuer de pueblo, de Ejército Rebelde y de profesor de Pedagogía, diría yo que para llegar al pueblo hay que sentirse pueblo, hay que saber qué es lo que quiere, qué es lo que necesita y qué es lo que siente el pueblo. Hay que hacer un poquito de análisis interior y de estadística universitaria y preguntar cuántos obreros, cuántos campesinos, cuántos hombres que tienen que sudar ocho horas diarias la camisa están aquí en esta Universidad, y después de preguntarse eso hay que preguntarse también, recurriendo al autoanálisis, si este Gobierno que hoy tiene Cuba representa o no representa la voluntad del pueblo. Y si esa respuesta fuera afirmativa, si realmente este Gobierno representa la voluntad del pueblo, habría que preguntarse también: este Gobierno que representa la voluntad del pueblo en esta Universidad, ¿dónde está y qué hace? Y entonces veríamos que desgraciadamente el Gobierno que hoy representa la mayoría casi total del pueblo de Cuba no tiene voz en las universidades cubanas para dar su grito de alerta, para dar su palabra orientadora, y para expresarlo sin intermedios, la voluntad, los deseos y la sensibilidad del pueblo. La Universidad Central de Las Villas dio un paso al frente para mejorar estas condiciones y cuando fue a realizar su forum sobre la Industrialización, recurrió, sí, a los industriales cubanos, pero recurrió al Gobierno también, nos preguntó nuestra opinión y la opinión de todos los técnicos de los organismos estatales y paraestatales, porque nosotros estamos haciendo -lo podemos decir sin jactancia- en este primer año de la Liberación, mucho más de lo que hicieron los otros gobiernos, pero además, mucho más de lo que hizo eso que pomposamente se llama la «libre empresa», y por eso como Gobierno tenemos derecho a decir que la industrialización de Cuba, que es consecuencia directa de la Reforma Agraria, se hará por y bajo la orientación del Gobierno Revolucionario, que la empresa privada tendrá, naturalmente, una parte considerable en esta etapa de crecimiento del país, pero quien sentará las pautas será el Gobierno, y lo será por méritos propios, lo será porque levantó esa bandera respondiendo quizás al impulso más íntimo de las masas, pero no respondiendo a la presión violenta de los sectores industriales del país. La industrialización y el esfuerzo que conlleva es hijo directo del Gobierno Revolucionario, por eso lo orientará y lo planificará. De aquí han desaparecido para siempre los préstamos ruinosos del llamado Banco de Desarrollo, por ejemplo, que prestaba 16 millones a un industrial y este ponía 400 mil pesos, y estos son datos exactos, y esos 400 mil pesos no salían tampoco de su bolsillo, salían del 10 por ciento de la comisión que le daban los vendedores por la compra de las maquinarias, y ese señor que ponía 400 mil pesos cuando el Gobierno había puesto 16 millones, era el dueño absoluto de esa empresa y como deudor del Gobierno, pagaba plazos cómodos y cuando le conviniera. El Gobierno salió a la palestra y se niega a reconocer ese estado de cosas, reclama para sí esa empresa que se ha formado con el dinero del pueblo y dice bien claro que si la «libre empresa» consiste en que algunos aprovechados gocen del dinero completo de la nación cubana, este Gobierno está contra la «libre empresa», siempre que esté supeditada a una planificación estatal, y como hemos entrado ya en este escabroso terreno de la planificación, nadie más que el Gobierno Revolucionario que planifica el desarrollo industrial del país de una punta a la otra, tiene derecho a fijar las características y la cantidad de los técnicos que necesitará en un futuro para llenar las necesidades de esta nación, y por lo menos debe oírse al Gobierno Revolucionario cuando dice que necesita nada más que determinado número de abogados o de médicos, pero que necesita cinco mil ingenieros y 15 mil técnicos industriales de todo tipo, y hay que formarlos, hay que salir a buscarlos, porque es la garantía de nuestro desarrollo futuro. Hoy estamos trabajando con todo el esfuerzo por hacer de Cuba una Cuba distinta, pero este profesor de Pedagogía que está aquí no se engaña y sabe que de profesor de Pedagogía tiene tanto como de Presidente del Banco Central, y que si tiene que realizar una u otra tarea es porque las necesidades del pueblo se lo demandan, y eso no se hace sin sufrimiento mismo para el pueblo, porque hay que aprender en cada caso, hay que trabajar aprendiendo, hay que hacer borrar al pueblo el error, porque uno está en un puesto nuevo, y no es infalible, y no nació sabiendo, y como este Profesor que está aquí fue un día médico y por imperio de las circunstancias tuvo que tomar el fusil, y se graduó después de dos años como comandante guerrillero, y se tendrá luego que graduar de Presidente de Banco o Director de Industrialización del país, o aún quizás de profesor de Pedagogía, quiere este médico, comandante, presidente y profesor de Pedagogía, que se prepare la juventud estudiosa del país, para que cada uno en el futuro inmediato, tome el puesto que le sea asignado, y lo tome sin vacilaciones y sin necesidad de aprender por el camino, pero también quiere este profesor que está aquí, hijo del pueblo, creado por el pueblo, que sea este mismo pueblo el que tenga derecho también a los beneficios de la enseñanza, que se rompan los muros de la enseñanza, que no sea la enseñanza simplemente el privilegio de los que tienen algún dinero, para poder hacer que sus hijos estudien, que la enseñanza sea el pan de todos los días del pueblo de Cuba. Y es lógico; no se me ocurriría a mí exigir que los señores profesores o los señores alumnos actuales de la Universidad de Las Villas realizaran el milagro de hacer que las masas obreras y campesinas ingresaran en la Universidad. Se necesita un largo camino, un proceso que todos ustedes han vivido, de largos años de estudios preparatorios. Lo que sí pretendo, amparado en esta pequeña historia de revolucionario y de comandante rebelde, es que comprendan los estudiantes de hoy de la Universidad de Las Villas que el estudio no es patrimonio de nadie, y que la Casa de Estudios donde ustedes realizan sus tareas no es patrimonio de nadie, pertenece al pueblo entero de Cuba, y al pueblo se la darán o el pueblo la tomará, y quisiera, porque inicié todo este ciclo en vaivenes de mi carrera como universitario, como miembro de la clase media, como médico que tenía los mismos horizontes, las mismas aspiraciones de la juventud que tendrán ustedes, y porque he cambiado en el curso de la lucha, y porque me he convencido de la necesidad imperiosa de la Revolución y de la justicia inmensa de la causa del pueblo, por eso quisiera que ustedes, hoy dueños de la Universidad, se la dieran al pueblo. No lo digo como amenaza para que mañana no se la tomen, no; lo digo simplemente porque sería un ejemplo más de los tantos bellos ejemplos que se están dando en Cuba, que los dueños de la Universidad Central de Las Villas, los estudiantes, la dieran al pueblo a través de su Gobierno Revolucionario.Y a los señores profesores, mis colegas, tengo que decirles algo parecido: hay que pintarse de negro, de mulato, de obrero y de campesino; hay que bajar al pueblo, hay que vibrar con el pueblo, es decir, las necesidades todas de Cuba entera. Cuando esto se logre nadie habrá perdido, todos habremos ganado y Cuba podrá seguir su marcha hacia el futuro con un paso más vigoroso y no tendrá necesidad de incluir en su Claustro a este médico, comandante, presidente de Banco y hoy profesor de pedagogía que se despide de todos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La Ciencia como un Fusil - Ernesto Che Guevara

(Selección de “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana”, 8 de octubre de 1960)

Es esta una Revolución singular que algunos han creído ver que no se ajusta con respecto a una de las premisas de lo más ortodoxo del movimiento revolucionario, expresada por Lenin: «sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.» Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la Revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer teoría.En toda revolución se incorporan siempre elementos de muy distintas tendencias que, no obstante, coinciden en la acción y en los objetivos más inmediatos de ésta.Es claro que si los dirigentes tienen, antes de la acción, un conocimiento teórico adecuado, pueden evitarse tantos errores, siempre que la teoría adoptada corresponda a la realidad.Los actores principales de esta Revolución no tenían un criterio coherente, pero tampoco podría decirse que fueran ignorantes de los distintos conceptos que sobre la historia, la sociedad, la economía y la revolución se discuten hoy en el mundo. El conocimiento profundo de la realidad, la relación estrecha con el pueblo, la firmeza del objetivo liberado y la experiencia de la práctica revolucionaria les dieron a sus dirigentes la oportunidad de formarse un concepto teórico más completo.Lo anterior debe considerarse un introito a la explicación de este fenómeno curioso que tiene a todo el mundo intrigado: la Revolución cubana. El cómo y el porqué un grupo de hombres destrozados por un ejército enormemente superior en técnica y equipo logró ir sobreviviendo primero, hacerse fuerte luego, más fuerte que el enemigo en las zonas de batalla más tarde, emigrando hacia nuevas zonas de combate, en un momento posterior, para derrotarlo finalmente en batallas campales, aunque aun con tropas muy inferiores en número, es un hecho digno de estudio en la historia del mundo contemporáneo. (…)Los avances en la ciencia social y política, como en otros campos, pertenecen a un largo proceso histórico cuyos eslabones se encadenan, se suman, se aglutinan y se perfeccionan constantemente. En el principio de los pueblos, existía una matemática china, árabe o hindú; hoy la matemática no tiene fronteras. Dentro de su historia cabe un Pitágoras griego, un Galileo italiano, un Newton inglés, un Gauss alemán, un Lovachevki ruso, un Einstein, &c. Así en el campo de las ciencias sociales y políticas, desde Demócrito hasta Marx, una larga serie de pensadores fueron agregando sus investigaciones originales y acumulando un cuerpo de experiencias y de doctrinas.El mérito de Marx es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además de preverlo, donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no sólo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla. El hombre deja de ser esclavo e instrumento del medio y se convierte en arquitecto de su propio destino. En este momento, Marx empieza a colocarse en una situación tal, que se constituye en el blanco obligado de todos los que tienen interés especial en mantener lo viejo, como antes le pasara a Demócrito, cuya obra fue quemada por el propio Platón y sus discípulos ideólogos de la aristocracia esclavista ateniense.La Revolución cubana toma a Marx donde éste dejara la ciencia para empuñar su fusil revolucionario; y lo toma allí, no por espíritu de revisión, de luchar contra lo que sigue a Marx, que revivir a Marx «puro», sino, simplemente, porque hasta allí Marx, el científico, colocado fuera de la historia, estudiaba y vaticinaba. Después Marx revolucionario, dentro de la historia, lucharía. Nosotros, revolucionarios prácticos, iniciando nuestra lucha simplemente cumplíamos leyes previstas por Marx el científico, y por ese camino de rebeldía, al luchar contra la vieja estructura del poder, al apoyarnos en el pueblo para destruir esa estructura y, al tener como base de nuestra lucha la felicidad de ese pueblo, estamos simplemente ajustándonos a las predicciones del científico Marx. (…).

viernes, 8 de agosto de 2008

El Concepto Socialista de la Reforma Universitaria: Por Julio Antonio Mella

Mucho se habla de "Reforma Universitaria". El malestar y la inquietud existentes entre los estudiantes hace que se oigan los balbuceos de un lenguaje revolucionario. En Tren Blindado y en pláticas públicas trataremos de desarrollar las bases sociales de este movimiento, sus antecedentes históricos, sus principios fundamentales y todo aquello que sea necesario para su mejor comprensión por la multitud estudiantil.
Lo primero que necesitamos definir es el concepto real de la reforma universitaria. Hay mucha nalabrería liberal y vacía sobre reforma universitaria, debido a que los elementos que en muchas partes tomaron parte de este movimiento lo eran de la burguesía liberal. Pero si la reforma va a acometerse con seriedad y con espíritu revolucionario no puede ser acometida más que con un espíritu socialista, el único espíritu revolucionario del momento.
Las universidades, como otras tantas instituciones del régimen presente, están hechas para sostener y ayudar el dominio de la clase que está en el poder. Creer que los intelectuales, o las instituciones de enseñanza no tienen vinculación con la división sociológica en clases de toda sociedad es una ingenuidad de los miopes políticos. Nunca una clase ha sostenido una institución, ni mucho menos instituciones de educación, si no es para su beneficio. Es en las universidades, en todas las instituciones de enseñanza, donde se forja la cultura de la clase dominante, donde salen sus servidores en el amplio campo de la ciencia que ella monopoliza. Las universidades de los países capitalistas modernos crean abogados, ingenieros, técnicos de toda naturaleza, para servir los intereses económicos de la clase dominante: la burguesía capitalista. Si se considera que los médicos pueden ser una excepción se caería en un grave error. La inmensa mayoría de los médicos que se gradúan, ¿son para servir en instituciones de beneficencia colectiva o para formar en la burguesía profesional individualista y explotadora? Que muchos médicos no triunfen, por las mismas injusticias del régimen presente, no indica que la aspiración del gremio no sea ésta.
Sentado esto, que no necesita ampliarse para cualquiera que posea una media cultura social, diremos que la reforma universitaria debe acometerse con el mismo concepto general de todas las reformas dentro de la organización económica y política actual. No hay ningún socialista honesto que suponga factible reformar toda esta vieja sociedad paulatinamente hasta sacar de ella una nueva y flamante como en las viejas utopías. La condición primera para reformar un régimen -lo ha demostrado siempre la historia- es la toma del poder por la clase portadora de esa reforma. Actualmente, la clase portadora de las reformas sociales es la clase proletaria. Todo debe ir convergente a esta finalidad. Pero el hecho de que la solución definitiva sea, en esto, como en otras mil cosas, la revolución social proletaria, no indica que se deba ser ajeno a las reformas en el sentido revolucionario de las palabras, ya que no son antagónicos estos conceptos.
Un concepto socialista de la lucha por mejorar la Universidad es similar al concepto del proletariado en su acción por mejorar las condiciones de su vida y su medio. Cada avance no es una meta, sino un escalón, para seguir ascendiendo, o un arma más que se gana al enemigo para vencerlo en la "lucha final".
Luchamos por una universidad más vinculada con las necesidades de los oprimidos, por una universidad más útil a la ciencia y no a las castas plutocráticas, por una universidad donde la moral y el carácter del estudiante no se moldee ni en el viejo principio del "magister dixit", ni en el individualista de las universidades republicanas de la América Latina o EE.UU.: Queremos una Universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el de la producción harán las fábricas del mañana sin accionistas parásitos ni capitalistas explotadores. Sabemos que no lo vamos a conseguir inmediatamente. Pero en la simple lucha por la obtención de ese ideal de la universidad del porvenir vamos a obtener un doble triunfo: agitar conciencias jóvenes ganando reductos en el frente educacional contra los enemigos del pueblo trabajador, y, probar, ante todos los revolucionarios sinceros, que la emancipación definitiva de la cultura y de sus instituciones no podrá hacerse sino conjuntamente con la emancipación de los esclavos de la producción moderna que son, también, los títeres inconscientes del teatro cómico de los regímenes políticos modernos.

(Apareció publicado en Tren Blindado, Año I, N° 1, México DF, septiembre de 1928).

Julio Antonio Mella (1903-1929) fue el principal dirigente de la Reforma Universitaria de Cuba. También fundó la Liga Anticlerical en 1922, la Federación de Estudiantes Universitarios-FUC en 1923, la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas en 1925 y el primer Partido Comunista de Cuba. En su exilio, llegó a ser uno de los principales dirigentes del PC mexicano, desde donde colaboró con el levantamiento de Sandino. Junto a José Carlos Mariátegui (1894-1930), Mella fue uno de los fundadores del marxismo latinoamericano.
En marzo de 1923, apenas cinco años después de Córdoba, la insurgencia estudiantil de La Habana declara la "Universidad Libre" y nombra a Mella rector interino. El estudiante Mella tenía en ese momento 20 años de edad. Más tarde, Mella es expulsado de la Universidad. Cuando en 1926 el rector le hace un juicio, Mella le responde: “¡Qué ejemplo para los profesores de esta Universidad! ¡Un rector que no tiene fuerza moral, prestigios, elocuencia, para habérselas con un alumno! Necesita ¡oh inutilidad de la toga rectoral! acudir a los tribunales de la justicia oficial para que lo ayuden a gobernar desde la altura demasiado alta para usted, del rectorado de la Universidad Nacional [...] usted es hombre de «reglamentos», de «leyes», de «orden», de «legalidad», de todas esas cosas que conquistan sabiamente a los hombres que no son capaces de ser libres, es decir, de todo menos de justicia”. Mella remataba esa carta al rector de la Universidad con una formulación esencial de la Reforma Universitaria. Le dijo, sencillamente, que: “la Universidad es de los alumnos”. En 1929 Mella cayó asesinado en una calle de México. Apenas tenía 25 años. Dos matones del dictador Machado le pegaron dos tiros por la espalda.

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