El pueblo argentino, que supo entregar su vida por la independencia a principios del siglo XIX, que en aquel entonces peleó también por un continente liberado y soberado, que en el siglo XX fue consiguiendo con lucha y con sangre sus derechos y reivindicaciones, arrancándoselas a los sectores dominantes, ese mismo pueblo llegó al 24 de marzo de 1976 en pleno auge de su lucha por una patria liberada, por la segunda y verdadera independencia. Y llegó con la acumulación de toda esa experiencia propia anterior, la de los pueblos hermanos que seguían el mismo camino, con victorias y fracasos, con héroes y ejemplos, y por sobre todo con un mismo obejetivo continental: la liberación frente al imperialismo y la construcción de una sociedad más justa y humana. Y es justamente por esto que el golpe tuvo que ser tan fuerte por parte de los sectores dominantes, militares y civiles, lacayos de los intereses imperialistas. Porque el pueblo argentino, como el latinoamericano y como tantos otros pueblos oprimidos del mundo, era parte de esa gran humanidad que había hechado a andar tomando las riendas de la historia en sus manos, y que no iba a detenerse en su marcha de gigantes, sin importarle los obstáculos ni los sacrificios que demandase.
Por esto el plan cóndor, inhumana y perversa planificación del exterminio a escala continental perpetrada por los Estados Unidos y llevada a cabo por los lamebotas de turno en practicamente todos de los países Sudamérica. Pero lo que revela este plan, este esfuerzo mancomunado del imperialismo y las clases dominantes autóctonas de cada país, no es otra cosa que el enorme grado de organización y de combatividad que habían adquirido los pueblo americanos en esos años. Fuertemente influídos por la Revolución Cubana con sus logros humanos y el ejemplo incandescente de la consecuencia del Che Guevara, los oprimidos de América habían entendido su rol en la historia, el lugar estratégico de nuestro continente en el mundo, y la necesidad de luchar por un cambio radical del sistema social, de luchar por el socialismo, única vía hacia la verdadera liberación. Y se habían lanzado al combate a muerte, además, con la certeza de la posibilidad del triunfo, y de que el cambio era posible. Y la Argentina, lejos de ser un caso aislado, fue quizás uno de los ejemplos más radicales de todo este proceso de enfrentamiento entre los pueblos y los genocidas. Del exterminio físico se pasó a la colonización cultural e ideológica de los 80 y los 90, al mismo tiempo que se fue instaurando el neoliberalismo por la fuerza como un modelo de acumulacion a nivel mundial y en nuestro pais en particular.
Hacer memoria realmente, con responsabilidad, respeto y consecuencia, es sacar a esos 30 mil hermanos y hermanas argentinos de la cifra abstracta y del incompleto lugar de víctimas del terrorismo de estado. Es recuperar su identidad política y los objetivos por los que lucharon. Y esa memoria no puede ser otra que memoria militante y militancia inclaudicable, memoria en las calles y junto al pueblo, bajo las mismas banderas que ellos, por una patria libre y soberana en un continente liberado, y con la inflexible convicción de que, organizados y luchando, podemos trasformar la realidad injusta de hoy, podemos construir una sociedad más humana.
FRENTE ESTUDIANTIL REVOLUCIONARIO
Cond. Cecso.
Cond. Cep.

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