domingo, 24 de marzo de 2013

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A 37 años del golpe genocida: El desafío de construir una verdadera democracia popular.

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El secuestro del proyecto del pueblo.
El 24 de Marzo de 1976, el poder militar responde nuevamente al llamado de los monopolios internacionales y las oligarquías locales a hacer un golpe de Estado; esta vez, para liquidar la posibilidad de la liberación nacional y social a la que el pueblo aspiraba  e imponer, en su lugar, el modelo neoliberal que tanta miseria y sufrimiento nos dejó a lo largo de casi tres décadas.
La tortura y el genocidio de 30 mil personas, todos ellos obreros, estudiantes, maestros, curas villeros, militantes populares, artistas e intelectuales fue el procedimiento necesario para aplicar las “recetas” neoliberales de destrucción de la industria y el Estado, la entrega de los recursos naturales, la feroz concentración de la riqueza en pocas manos. “Congelando los salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamo colectivo”, como escribió Rodolfo Walsh antes de ser asesinado, los militares y los sectores civiles que acompañaron (la SRA, Clarín, Ledesma, Ford, Mercedes Benz, la jerarquía católica) prohibieron toda forma de participación política al pueblo “y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados”.
La derecha imperialista pudo así, sólo a través de la abolición de los derechos a la participación política, a la toma de decisiones colectivas, a la organización popular, a la batalla de ideas, a la vida misma, implantar su programa reaccionario. Y no solamente en Argentina, sino en todo el continente, donde los procesos revolucionarios en marcha cobraban cada vez más fuerza, empujados por sus pueblos y sus victorias.

¿Qué democracia tenemos?
La larga noche represiva terminó y empezó la lucha por derechos democráticos elementales, que en parte hemos ganado. Desde muy atrás, es cierto, empezamos a reconstruir de a poco nuestros sueños más profundos de igualdad y liberación. Sin embargo, la “democracia” limitada que heredamos no pudo torcer el rumbo implantado por la dictadura, y durante la década del noventa se profundizó la entrega del país a las multinacionales, el desguace del Estado y la timba financiera, lo que hizo trepar la desocupación a niveles escandalosos (superó el 25% en 1995 y en 2002 en provincia de Buenos Aires), dejó destruidas la salud y la educación públicas, y pobló de villas miseria el país. Todo ello con el visto bueno de las instituciones, los partidos políticos, el congreso, los ministerios y la justicia, que también avalaron la impunidad de los indultos.
En diciembre de 2001 salimos a la calle a ponerle fin a tres décadas de este modelo. El “Argentinazo” obligó a las estructuras de poder a abrir en parte los cerrojos y permitir al pueblo una participación más activa en los destinos del país. De otra manera no pueden entenderse los avances en materia de derechos humanos después de 20 años reclamando juicio y castigo a los responsables. Tampoco pueden entenderse de otra manera la apertura de paritarias para discutir salarios, el fortalecimiento del Estado en áreas claves de la economía y en la atención a las necesidades sociales, y la discusión abierta sobre el papel de los medios de comunicación, el rol de la justicia, la integración con otros pueblos latinoamericanos, etc.
La democracia que hasta hoy tenemos es el resultado de la continuidad de los estragos del neoliberalismo y del quiebre rotundo que le infligieron las luchas populares, camino todavía inconcluso y de largo aliento en el tránsito hacia una verdadera democracia popular.

¿Qué democracia queremos?
Mientras las estructuras políticas históricamente reservadas a un puñado de oligarcas atados a los poderes imperialistas sigan siendo las que definen los destinos del país, difícilmente podamos concretar los sueños de los 30mil, los sueños de la patria libre y justa que todavía laten en el cuerpo y en el alma de nuestro pueblo.
El desafío que hoy tenemos por delante es romper las barreras que impiden una participación política real, para que sea el pueblo el que empiece a tomar en sus manos las riendas de las decisiones que marcan el rumbo de un país. Sabemos que no sólo es votar cada dos años: eso no representa el proyecto por que lucharon nuestros compañeros ni la solución definitiva a los problemas de fondo que sufrimos.
El problema de la justicia corrompida y elitista, el problema de la manipulación informativa de los medios de comunicación monopólicos, de la falta de acceso a educación y salud públicas, de calidad y para todos, de los derechos humanos básicos al trabajo y la dignidad, del saqueo extranjero, de políticas represivas como la ley antiterrorista, la judicialización de las protesta social, el gatillo fácil, etc., son problemas que se resuelven con la lucha concreta en la calle, organizándonos, movilizándonos y tomando en nuestras manos las palancas de decisión política.
En NuestrAmérica, los procesos de cambio –con Venezuela a la cabeza –que en la última década han podido atacar esas estructuras, fueron aquellos que supieron fortalecer la intervención y alcance del Estado en las políticas públicas, en paralelo con una participación popular creciente en dichas políticas, única garantía real de cambio, y que han podido sellar sus avances en un marco institucional ligado a los intereses de las mayorías.
Debemos profundizar este camino y construir nosotros mismos una democracia plena, real, y definitivamente nuestra, popular.

¡30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES!
¡CARCEL COMUN PARA TODOS LOS RESPONSABLES, CIVILES Y MILITARES!
¡POR UNA VERDADERA DEMOCRACIA POPULAR!
¡SEGUIMOS LUCHANDO POR LA PATRIA SOCIALISTA!


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